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Coordinación General Bicentenario 2010

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Coordinación General del Evento

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Alfredo A. Carbano

Perito Mercantil, Maestro de Música, Autor y Editor independiente de 12 obras para joyería y anticuaria, 4 cursos técnicos para joyería y piedras preciosas y semipreciosas, 1 manual de Operaciones para Extracción y Refinamiento de Oro y Plata, 1 ensayo político La Historia de la Formas Político Sociales. Ganador Juvenil de la Competencia Intercolegial de Folklore Canal 13 1967, y Revelación Juvenil Cosquín 1968. Actualmente Maestro Joyero y Anticuario. Responsable del Proyecto y coordinación general entre Buenos Aires e Interior del País  

   
Coreografías Miguel Ángel Saravia
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Miguel Ángel Saravia

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Historia del Hallazgo de las Músicas

Aproximadamente en el año 1845 llega al país un inmigrante español de nombre Manuel Ruibal, que rápidamente logro adaptarse a los efectos del desarraigo del terruño natural, estableciéndose de manera definitiva, al igual que la mayoría de otros inmigrantes europeos.

Demostrando inquietudes y deseos de progreso, se aboco a estudios en la Facultad de Medicina, recibiéndose de farmacéutico en el año 1875. Practico su profesión y resulto ser el fundador de la Primera Sociedad de Farmacia Nacional Argentina Bonaerense que se instalara entre nosotros.

No obstante su actividad, a la que dedicaba tiempos completos; demostró ser poseedor de un inagotable espíritu emprendedor en su afán de resultar útil al país y a la sociedad que lo había recibido. Esto lo llevo posteriormente a fomentar las industrias rurales, convirtiéndose y trabajando como hacendado en la Provincia de Buenos Aires, logrando destacarse en diferentes exposiciones ganaderas con presentaciones de productos de primer orden.

Esta ultima actividad, lo llevo a la necesidad de viajar al interior del país recorriendo distintas provincias, primordialmente la región cuyana, centro y el litoral argentino, donde rápidamente se convirtió en un personaje reconocido y querido por los habitantes y lugareños de aquellas poblaciones.

Aquí, es donde comienza a tomar curso el descubrimiento de nuestra historia cultural perdida. La actividad relacionada con sus viajes, le permitió desarrollar un dualidad de funciones, la tarea propia de su trabajo en primera instancia, y la practica de su afición personal en segunda; "adquirir músicas e instrumentos musicales antiguos".

Al respecto de su afición, durante sus primarios viajes por el interior del país, recorría negocios y casas particulares por derivación de aquellos, interesado en adquirir los instrumentos musicales, convirtiéndose en un coleccionista y conocedor destacado. Tan activa resulto su actividad en este sentido, que tiempos mas tarde ya no necesito desplazarse personalmente para la búsqueda, pues al enterarse los pobladores que Don Manuel estaba en el pueblo, le acercaban los instrumentos y piezas de música variadas al lugar donde este se hospedaba. 

Fue así que en uno de sus viajes a la Provincia de Mendoza, le ofrecen un clavicordio de caoba procedente de la época colonial, instrumento que adquiere, embala y envía a Buenos Aires en el estado en que se encontraba. Tiempo después, retornado de aquella provincia, desembala el objeto adquirido y procede con una detallada revisión, notando que necesitaba pequeñas reparaciones para quedar en optimo estado.

Abocado a esta tarea como simple aficionado y luego de haber desarmado parte de su estructura de caoba, encuentra en el fondo interior del instrumento, volcados a modo de perdidos, una variedad de partituras musicales antiguas, así como otra gran variedad de manuscritos sobre partituras de grueso hilo, algunas de ellas con marcas de agua de 1813, donde se plasmaban estudios diversos y practicas iniciales de teoría y solfeo de la música.

De modo es, que gracias a la afición coleccionista de un inmigrante español, se logra recuperar de la perdida u olvido accidental, el origen cultural de nuestra música nacional, y con ellas la verdadera historia de músicas simples y artistas desconocidos, piezas hasta sin riquezas comparativas con otras de igual periodo procedentes del continente europeo, pero nuestras por sobre todo..!.

Aquellas que inicialmente fueran tocadas en salones y tertulias, donde se discutía en susurros la revolución, aquellas que probablemente llevaran las Bandas de los Regimientos N°8 y N°11 de San Martin durante las campañas libertadoras de Chile y Perú, vitoreadas, oídas y danzadas durante las antiguas retretas al aire libre. Aquellas que enriquecidas por nuevos caudales musicales e incrementadas por el profesionalismo adquirido de sus músicos, terminaron diseminándose por Latinoamérica como sinónimo de una nueva identidad cultural, gestada en los orígenes de la libertad de expresión de nuestro pueblo.

 

Música Militar en las Campañas

Las bandas de música del Ejército de los Andes merecieron elogiosos comentarios en Chile y Perú. Damián Hudson en sus Recuerdos Históricos nos trae a la memoria estos conjuntos al referirse al juramento de las banderas en Mendoza: «A la hora conveniente el ejército de gran parada, se puso en marcha dirigiéndose a la plaza al son de cuatro músicas militares que poseían los cuerpos de infantería y de las bandas de cornetas de la caballería... las aclamaciones del pueblo se sumaron a las marciales armonías de las bandas de música, de tambores y clarines...». El mismo autor describe la partida de Mendoza del Ejército de los Andes, el 20 de enero de 1817: «Un inmenso pueblo estaba allí reunido para dar el adiós al ejército. Este salió de su campo de instrucción, llenando el aire los marciales acentos de sus músicas militares, de sus numerosas bandas de tambores y clarines, cuyos ecos repercutían en el pecho de cada uno de aquellos valientes. Al romper la marcha aquél, atronó el ámbito del campamento con vivas a la patria, al Ejército de los Andes, levantando en alto sus sombreros y pañuelos, mientras las ordenadas e imponentes columnas se alejaban y se perdían a lo lejos"

Las bandas más famosas del ejército de San Martín fueron las del batallón N° 8, que dirigía Matías Sarmiento, y la del batallón N° 11, que había obsequiada a San Martín el señor Rafael Vargas, acaudalado hacendado mendocino. En 1810 el señor Vargas había enviado a Buenos Aires a 16 de sus esclavos negros para que se les enseñara la música de instrumentos de viento, encargando a su apoderado que hiciera traer de Europa instrumentos, música y uniformes. Después de cuatro años regresaron los negros a Mendoza formando una banda completa de muy regular capacidad. Se supone que estos esclavos fueron alumnos de Víctor de la Prada, que en 1810 dirigía una academia de música instrumental en Buenos Aires (véase el Correo de Comercio del 24 de marzo de 1810).  El General Jerónimo Espejo, en su libro El paso de los Andes, expresa: «Cuando en 1816 San Martín realizó la expropiación de los esclavos, el señor Vargas le obsequió la banda completa con su vestuario, instrumental y repertorio de música». El músico chileno José Zapiola en su libro de memorias. Recuerdo de Treinta Años, aporta interesantes detalles sobre las bandas del ejército patriota que transcribimos a continuación:

En 1817 entró en Santiago el Ejército que, a órdenes del Gral.San Martín había triunfado en Chacabuco. Ese ejército ingreso con dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del Batallón Nº 8 compuesto en su totalidad de negros africanos y criollos argentinos, vistiendo uniformes a la turca. Días después de la batalla de Chacabuco, se publicó el bando que proclamaba a  Bernardo O'Higgins Director Supremo de Chile, el pueblo entero al oír aquella música, creía estar en la gloria, según decía. Estas bandas eran superiores a la única  en poder de los realistas en el batallón Chiloé. Uno de estos conjuntos marchó al Sur con el Batallón N° 11; mientras la del Batallón Nº 8 quedó en Santiago. Mi afición a la música me hacía asistir a todas las horas en que esta banda funcionaba. Los oficiales me miraban como si perteneciera al batallón. Contraje amistad con el músico mayor, Matías Sarmiento, que tocaba el requinto y enseñaba a la banda, instrumento por instrumento, haciendo oír a cada uno su parte por separado, y siendo él el único que sabía algo de música; pues todos la ignoraban y aprendían de oído lo que él les repetía.

Este modo de aprender es muy difícil para el que enseña y para el que aprende; pero la costumbre había facilitado el trabajo; a lo que debe agregarse que las piezas que se ejecutaban eran de poca extensión, consistiendo en marchas, paso dobles y valses. El flautín de la banda me había enseñado a conocer los signos y algo de la escala de la flauta. En cuanto a los valores, los ignoraba completamente, y nada pude aprender en esa parte. Sarmiento, antes de enseñar a los demás, tenía que estudiar el primero y el segundo clarinete; los otros instrumentos acompañaban como podían; y como leía la música con mucho trabajo, yo, que me ponía a su lado cuando estudiaba, y le seguía con la vista en el infinito número de veces que tenía que repetir cada frase, aprovechaba para mí el prolijo estudio que él hacía. En 1820 era tambor mayor del Batallón N° 8, el sargento Moyano, cuya fisonomía estaba marcada por un horroroso chirlo que le atravesaba todo un lado de la cara. Este sargento tuvo parte principal en la entrega de las fortalezas del Callao, en que fue fusilado el heroico negro Falucho».

Las gloriosas campañas de la Independencia reavivaron la afición por la música militar. Las bandas de los distintos regimientos marchaban por la ciudad festejando los triunfos de las armas patriotas. En los acuerdos del Cabildo de junio y julio de 1814 se pagó al Músico Mayor Francisco Ramos, cuarenta pesos por la banda que tocó en las celebraciones de la toma de Montevideo y en la recepción de los trofeos capturados en aquella plaza.

Al Músico Mayor Antonio Martínez se le pagó ciento siete pesos por la banda que acompañó a los S.S. del Cabildo por las calles de la ciudad el 20 de julio festejando la toma de Montevideo. José Saura fue en esos años tambor mayor de Arribeños

Se conocen los nombres de dos tambores que sirvieron a las órdenes del General Manuel Belgrano en la campaña al Paraguay. Uno de ellos es el joven Pedro Ríos (1798-1811), conocido por la historia como el tambor de Tacuarí. Bartolomé Mitre, en su "Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina" hizo conocer el episodio que protagonizó este heroico joven. Se conoce que se incorporó a las tropas de Belgrano, ya en marcha hacia el Paraguay, en la localidad correntina de Yaguareté Corá, actual ciudad de Concepción. Allí, el 26 de noviembre de 1810, a poco de su arribo, Belgrano recibió adhesiones de un grupo de vecinos que deseaba alistarse en el ejército expedicionario. Entre ellos se encontraba Pedro Ríos, de 12 años de edad, quien rogó al general que le permitiera marchar con sus soldados como tambor, junto a los integrantes de la banda. Asistió a las alternativas de la expedición combatiendo en Itapúa y Yuquerí, hasta que el 9 de marzo de 1811, en Tacuarí, cayó herido de muerte tocando el redoble de combate a la cabeza de las tropas argentinas. El otro tambor fue el sargento Pedro Bustamante -1793-1883- nacido en el Fuerte de Soledad, establecido en las fronteras de Santa Fe. Incorporado al ejército de Belgrano actuó como tambor en la batalla de Tucumán, donde resultó herido. Ya de regreso a Santa Fe ocupó el cargo de tambor mayor en las filas de Estanislao López, para dirigir después la compañía de tambores con el grado de Sargento Mayor. Murió en esa Ciudad el 1º de julio de 1883, y sepultado en el cementerio de Guadalupe con honores oficiales. Pantaleón Silva, otro tambor del 6º de infantería, murió en la batalla de Tucumán -1812-, al pie de su redoblante. 

Era frecuente en aquellos tiempos los niños tambores en los regimientos, y se conoce un decreto de la comandancia general de armas de 1814, disponiendo que la policía recogiera a los muchachos que vagaban por las calles para reemplazar la falta de músicos en los regimientos recientemente formados. Ya existían antecedentes similares durante las invasiones inglesas de 1806-1807, donde niños resultaron regimentados cumpliendo con su condición de tambores. En 1851 y por  decreto del Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas, los jóvenes de 12 años eran incorporados como tambores al ejército.

 

Músicos Militares de los Primeros Años de la Independencia

José Saura fue Tambor Mayor del Cuerpo de Arribeños. Uno de apellido Latorre, resulto Tambor Mayor en las Campañas del Alto Perú y Chile. José Pons, nacido en Buenos Aires en 1784, fue Tambor del Cuerpo de Artillería en el Alto Perú y luchando en Chile y Perú. Félix Bogado, que ostento el grado de Coronel, fue en sus principios Corneta de los Granaderos a Caballo. Domingo Lara, un negro longevo de cien años, resulto el Trompa a órdenes del Gral. San Martín en las batallas de Chacabuco y Maipú, pasando después al Perú y Ecuador, falleciendo en Buenos Aires a principios de siglo. El Sargento Moyano fue el Tambor Mayor del Regimiento N° 8 en el Ejército de los Andes. José Agapito Roco, fue Tambor Mayor del Regimiento N° 7 en el mismo ejército. Sargento Julián Ponce -1795-1890- nacido en Cosmes Provincia de Corrientes, fue Trompa del Gral. San Martín en San Lorenzo y realizo las campañas de Chile, Perú, Brasil y Caseros respectivamente. Sargento Miguel Chepoya, Trompa de órdenes del Gral. San Martín, sirvió en el ejército desde 1813 a 1826, regresando a Buenos Aires en Febrero de ese año junto con el Coronel Félix Bogado y otros granaderos.

El músico español Blas Parera -1776-1840-, vivió en Buenos Aires y Montevideo desde 1797 hasta 1818. Organizó bandas militares durante las Invasiones Inglesas y compuso varios Aires Militares durante ese período y posterior a  1810. La Asamblea le encargó la música de nuestro Himno Nacional, el 6 de marzo de 1813. Fue también autor de la música de numerosas marchas y canciones patrióticas compuestas en la época. Entre ellas una Canción Patriótica con letra de Fray Cayetano Rodríguez, que se cantaba en 1812 y cuyas estrofas decían

"A las armas corramos ciudadanos, Escúchese el bronce, óigase el tambor”

Fue impresa en Londres y sumamente difundida en Buenos Aires, la Banda Oriental, Entre Ríos y Corrientes. "El Censor" de Buenos Aires del 21 de enero de 1812, decía: "Es una hermosa marcha militar y la he visto cantar en Montevideo a un ejército de cinco mil patriotas con lágrimas de entusiasmo". Su actividad como organizador de bandas militares es evidente en un documento del Archivo General de la Nación de fecha Septiembre de 1815, en donde Parera aparece como "revisor de la música" en una compra de instrumentos realizada para el Batallón de Música Nº 7.

 

Regimiento N° 11 General Las Heras

Este Regimiento tuvo su origen en el Cuerpo de Auxiliares Argentinos. Formado por soldados cordobeses y mendocinos, que en 1813 marchó en ayuda de los patriotas a Chile. El 8 de noviembre de 1814 fue creado el Regimiento 11 por decreto del Director Supremo Gervasio Posadas, transformándose en el núcleo del Ejército de los Andes, siendo la primera unidad militar con que contó el Gral. San Martín para comenzar sus ambiciosos planes de Libertad. Su primer Jefe fue el Teniente Coronel Don Juan Gregorio De Las Heras. El primero de agosto de 1816, el ciudadano mendocino Don Rafael Vargas, donó al Regimiento 11 su Banda de Música personal que estaba compuesta por dieciséis esclavos, transformándose en la Primer Banda De Música que tuvo el Ejército de los Andes. El 11 de octubre de 1910 por decreto del Presidente Figueroa Alcorta, se el otorga al Regimiento N°11 el nombre de "General Las Heras", reconociendo así a uno de los más inteligentes y valerosos colaboradores del General San Martin. Este Regimiento es actualmente custodio de la Bandera del Ejército de los Andes. En su museo pueden observarse los uniformes históricos, armamento de distintas épocas, maquetas y elementos ilustrativos de la historia sanmartiniana y de este cuerpo en particular.

 

Historia de la Marcha de San Lorenzo

Según cuentan fue escrita casi en su totalidad sentado en un banco de la plaza San Martín de Venado Tuerto por Cayetano Alberto Silva, creador de la Marcha San Lorenzo, en honor al Combate del mismo nombre y bautismo de fuego de los Granaderos de San Martín en el año 1813. Posteriormente la vida lo castigó y partió hacia Rosario, ejerció su profesión y terminó siendo policía. Al morir en 1920 por serios problemas de salud, esa institución le negó sepultura en el Panteón Policial por ser de raza negra, motivo por el cual debió ser sepultado sin nombre.

Sus restos fueron trasladados en el año 1997 al Cementerio Municipal de Venado Tuerto, a través de gestiones efectuadas por la Asociación Amigos de la Casa Histórica “Cayetano A. Silva”. Esta casa, sede del museo regional, Archivo Histórico y sede de la Banda Municipal tiene domicilio en Maipú 966 Venado Tuerto y este resulta el domicilio donde vivo su compositor.

El 6 de junio de 1944, conocido como el "Día D", los aliados iniciaron el desembarco de un ejército más de 150 mil soldados (73.000 norteamericanos y 83.000 británicos y canadienses) sobre las playas de Normandía.
Fue la batalla más devastadora de la historia. Al amanecer del día siguiente del final de los combates, el Comandante en Jefe de las operaciones, General Dwight David "Ike" Eisenhower caminaba pensativo observando la baja moral de sus tropas. Es que pese al triunfo aquello era dantesco. Los muertos y heridos se contaban por millares y el cansancio y la impotencia estaba haciendo estragos en esas almas.
Conocedor de su oficio, el General llamó a la banda, formó las tropas y dio la orden de ejecutar aires marciales para elevar la moral de los combatientes. No hizo falta mucho tiempo para que empezaran a resonar los sones de una marcha escrita muy lejos de allí y cuyo autor la ejecutara por primera vez en el violín para arrullar el sueño de su pequeña hija en febrero de 1901.

 Nuestra Marcha no sólo estuvo en Normandía, con el tiempo se hizo famosa en otros países, hasta ser ejecutada el 22 de junio de 1911 durante la coronación del rey Jorge V y con la autorización previa solicitada a nuestro país por el gobierno inglés. Lo mismo ocurrió para la coronación de la reina Isabel, actual soberana inglesa. Además, se ejecuta en los cambios de guardia del palacio de Buckinghan, modalidad que fue suspendida en el tiempo que duró la Guerra de las Malvinas. También fue tocada por los alemanes en París  durante la Segunda Guerra Mundial marchando por las calles de esa ciudad. Curiosamente también el general Eisenhower la hizo ejecutar (nuevamente) al ingreso triunfal del ejército aliado que liberara a los franceses.

 

Historia de Cayetano Silva

Nació en San Carlos departamento de Maldonado República Oriental del Uruguay, el 7 de agosto de 1868. Era hijo de Natalia Silva, esclava de la familia que le dio el apellido. Desde chico le gustaba la música por lo que inició sus estudios con el maestro Rinaldi en la Banda Popular de San Carlos. En 1879 ingresó a la Escuela de Artes y Oficios de Montevideo donde se incorporó a la Banda de Música dirigida por Gerardo Grasso, quien le enseñó solfeo corno y violín. En 1888 pidió la baja y comenzó a deambular por los centros sociales de agitación obrera, teatros y conservatorios de música de Montevideo. Al año siguiente se decide a viajar a Buenos Aires donde incursiona en el teatro Colón y asiste a la Escuela de Música dirigida por Pablo Berutti. Se traslada luego a la ciudad de Rosario Argentina donde el 1 de febrero de 1894 fue nombrado maestro de la Banda del Regimiento 7 de Infantería. En Rosario se casa con Filomena Santanelli con quien tuvo ocho hijos. En 1898, es contratado por la Sociedad Italiana de Venado Tuerto, provincia de Santa Fe y se traslada con su familia a dicha ciudad donde funda un centro lírico, enseña música y crea La Rondalla, con la que actúa en el Carnaval de 1900. También escribe la música de las obras teatrales como Canillita y Cédulas de San Juan de su compatriota y amigo Florencio Sánchez. Estas obras son estrenadas en Rosario con mucho éxito.

El 8 de julio de 1901 compone una marcha que dedica al Coronel Pablo Ricchieri, Ministro de Guerra de la Nación en ese entonces y modernizador del Ejército Argentino. Ricchieri le agradeció el homenaje pero le pidió que le cambie el título por Combate de San Lorenzo, población donde el había nacido. La marcha se interpretó por primera vez en un acto público el 30 de octubre de 1902 en San Lorenzo Santa Fe en las cercanías del histórico Convento de San Carlos donde se gestó Combate homónimo. Ese día la marcha fue designada Marcha Oficial del Ejército Argentino. Dos días después Silva vuelve a ejecutarla al inaugurarse el monumento al General San Martín en la ciudad de Santa Fe, con asistencia del presidente Julio Argentino Roca y de Ricchieri.

 En 1907, su vecino y amigo de Venado Tuerto, Carlos Javier Benielli, le agregaría la letra que luego sería adaptada para las escuelas. Acosado años después por la pobreza Cayetano Silva vendería los derechos de la marcha a un editor de Buenos Aires por la suma de cincuenta pesos.

 Otras marchas compuestas por Cayetano Silva fueron Río Negro, Anglo Boers, 22 de Julio, Marcha de San Genaro (en honor a esa población cercana a Rosario), Curapaytí 1906, inspirada en la Guerra del Paraguay y Tuyutí. Al igual que la Marcha de San Lorenzo estas dos últimas también tienen letra de Carlos Javier Benielli.

En 1906 fue maestro del Regimiento 3 de Infantería. Radicado en Mendoza fundó la Banda de Música del cuerpo de Bomberos y ejerció la docencia.

Cayetano Silva fue también empleado policial pero al morir por serios problemas de salud en 1920 en Rosario,  la policía le negó sepultura en el Panteón Policial por ser de raza negra, motivo por el cual debió ser sepultado sin nombre.

Sus restos fueron trasladados recien en el año 1997 al Cementerio Municipal de Venado Tuerto gracias a  gestiones realizadas por la Asociación Amigos de la Casa Histórica Cayetano A. Silva. Esta casa, sede del museo Regional Archivo Histórico y sede de la Banda Municipal Cayetano A. Silva, tiene domicilio en Maipú 966 Localidad de Venado Tuerto Provincia de Santa Fe, y resulta ser en la que vivió el compositor.

 

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