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Juego de Chifles
del Gral. San Martín |

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Modelos de
Cintos Gauchos |


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Modelos de
Rastras Gauchas |

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Rastras con
escudos y monedas |

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Abajo un típico
yesquero gaucho en plata |


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Boleadoras en
cuero, marfil y plata |

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Desjarretador
para animales cimarrones |

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Antiguo trabuco
naranjero |
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Abajo el
tradicional lazo gaucho |

| Abajo
vista de distintos verijeros en plata |







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Modelos de
Espuelas y Nazarenas |


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Abajo las típicas
Nazarenas de plata |

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Modelos de
Arreadores y Rebenques |


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Distintos aperos
y recados en plata de ley |







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El
conocimiento del mate lo debieron los conquistadores a los indios
guaraníes como ocurrió con otras plantas de origen americano como la
papa,
cacao, maíz, tabaco y mandioca. Al principio los españoles
creyeron que
los indios bebían la infusión de una hierba y de ahí proviene el nombre
"yerba" que le otorgaron, cuando en realidad son hojas de un árbol
cuya denominación científica es "Ilex Paraguariensis", y fueron
los Jesuitas en sus establecimientos misioneros de catequización quienes
comenzaron a cultivar los árboles de "yerba mate", que
sólo crecían naturales en la selva.
Desde mediados del siglo
XVI en
toda la región platense y el Virreinato del Perú, se desarrolló un
activo consumo de la entonces llamada "hierba del Paraguay",
que se convirtió prontamente en una telúrica bebida nacional en gran
parte de nuestro territorio, y desde finales del siglo XVII se extendió
su uso, consumo y costumbre a todo nuestro país.
El
recipiente natural para preparar la infusión era el fruto seco de la
calabaza
común y las técnicas de decoración utilizadas para éste
recipiente eran simples pirograbados y burilados a mano, que ya eran conocidos desde
tiempos
precolombinos por los indios nativos. Diferente es el caso de la
bombilla utilizada para succionar el líquido, esta se trata de una creación
colonial criolla. Los mates de plata se realizaban al comienzo, imitando los
formatos de las calabazas naturales, pero pronto adoptaron las formas
similares de los
objetos destinados a la liturgia, como ocurrió con los famosos mates "de
cáliz" que tanta difusión tuvieron en nuestro medio. Las
primitivas calderitas de nuestros gauchos, fueron en realidad antiguas chocolateras
españolas de cobre batido
que nuestro hombre de campo llevaba atada a la barriguera de la cincha de
su caballo.
Yerberas
y azucareras
también se realizaron prontamente en plata para las vajillas más
delicadas de nuestra
gente, tanto de campo como de ciudad.
El chifle
y el vaso fueron de uso común entre vaqueros y gauchos, troperos,
bomberos y carreros en nuestro campo, que los llevaban de a caballo sobre
sí o en el recado. El
chifle, es un cuerno vacuno de buen tamaño con su
fondo y tapón, que servía para transportar líquidos, a veces agua, pero
generalmente aguardiente en cualquiera de las formas conocidas y comunes
en nuestra campaña, además de otras bebidas tradicionales coma la caña
y ginebra.
El
vaso en cambio como lo indica su nombre, era un recipiente menor también
realizado en guampa y usado para tomar agua mediante una soga de tiento
que se arrojaba sin bajarse del caballo, al centro de las corrientes de agua a
efectos de obtenerla fresca y pura lo que no es posible si se la recoge de
las orillas. Tanto
los chifles como los vasos o chambaos fueron adornados con virolas y soajes de
plata, en muchos casos muy labrados y cincelados así como sus tapones que
se realizaron enteramente de plata y de plata se cubrió su fondo llegándose
a fabricar todos en plata batida.
Normalmente
unos y otros fueron adornaron con relieves y grabados hechos en la propia
guampa con hermosos burilados, algunos de alto contenido simbólico o anecdótico,
resultando más notable aún que en los mates, ya que tanto divisas partidarias, el
escudo nacional, episodios de la épica local, escenas campesinas o
simples imágenes de animales autóctonos fueron insertos en sus cuerpos algunos de ellos de auténtica belleza artesanal.
Sobre
el cinto o "tirador" podemos decir que se utilizo a modo de
adorno pero también como protección metálica
de las cuchilladas, ademas de manera práctica y segura de llevar el
gaucho su
pequeño capital en efectivo. Imitando artefactos culturales muy
antiguos entre los pueblos del Mediterráneo oriental y del norte de África
(moros y árabes), se cosieron soldándoles a los efectos un eslabón,
monedas de plata de las que circulaban en la región, patacones o sus submúltiplos
ya fueran de cuño español y luego boliviano, argentino, peruano o
chileno y también uruguayo. Otras
monedas, para el caso de mayor tamaño, se utilizaron como cierres del propio
cinto.
Esta
usanza de nuestros gauchos y paisanos, dio origen en Europa a una
verdadera industria como ocurrió con los mates, los ponchos y prendas
del recado, a partir de la tercera década del pasado siglo.
Los
llamados "botones gauchescos", fábricas
de quincallería y de botones militares, tomaron como modelo los formatos
y cuños de monedas de circulación sudamericana y empezaron a fabricar
en serie botones de latón o bronce, plateados o no, a los que se
otorgo aquella denominación.
Como
antes dijimos, monedas pareadas mediante una cadenilla o un largo eslabón
o una S de plata, o simplemente con tiento o tirilla de cuero sobado, se
usaron como cierre delantero de los particulares cintos de nuestra gente
campera.
Posteriormente,
los plateros realizaron empuñaduras de cuchillos y rebenques con
parte de los aperos, con los mates y las espuelas, comenzaron a
confeccionar dichos cierres conocidos como "rastras" debido a su forma,
con grandes centros con escudos, iniciales y figuras,
que se abrochaban al cinto mediante monedas o botones.
El cinto
de nuestra gente rural, changadores, gauderios, gauchos, hacendados y peones,
tiene como casi todas las prendas de uso, su origen en el viejo mundo. Los egipcios,
persas y también los griegos usaron
para la guerra o los combates personales anchos cintos de cuero
tachonados con chapas metálicas y cerrados o bien abrochados al frente con
grandes rodetes o chapas de metal labrado.
Tenía
este tipo de formatos el objetivo especial de proteger la zona
blanda abdominal de los golpes punzantes con armas blancas.
Posteriormente,
con el uso de las primitivas armas de fuego a percusión, se hizo
necesario que el soldado llevase consigo balas de hierro o plomo, recortes
de metralla, piedras y pedernales de repuesto., para lo cual se hizo
igualmente necesario dotar a estos cintos de amplios bolsillos adosados o
formando parte del propio cinturón, que más que simple elemento de
sujeción pasó a formar parte de su equipo de campaña.
Ya
nos hallamos frente a los denominados "cintos de tirador" que fueron
traídos a nuestra tierra por los soldados de la conquista. En esta
etapa y con el correr de los tiempos se
fueron definiendo en diversas formas y gustos, con bordados, monedas
cosidas, esterillados de tiento, mostacilla y tela aplicada entre otros.
El
primitivo yesquero era un recipiente para contener la yesca destinada para hacer fuego,
se trataba de una punta de cuerno con una pequeña tapita de cuero. También
se los hizo de madera y de mate o calabaza y con la mayor de las
frecuencias se utilizaba
la cola seca de una mulita o tatú carreta, dado que que estos animales
formaban parte de la dieta diaria del hombre de campo.
Por lujo se le agregaron
virolas y tapas de plata, como las cadenillas que servían para mantener
unidos al yesquero u hornillo, el pedernal o piedra de chispa (un trozo de
sílice especial) y eslabón necesario para percutirlo (trozo de hierro o acero).
Nuestros
gauchos llamaban los avíos de fumar al conjunto de elementos que les servían
a tal fin, naco de tabaco, chala para armar el cigarro y el yesquero, todo
lo que se metía y portaba normalmente en el interior de una bolsa de cuero
hecha del cogote de avestruz llamada
"chuspa".
La
boleadora es herencia cultural que las tribus autóctonas de la región
platense le dejan al gaucho, los españoles desconocían totalmente su uso
al iniciar la conquista.
De
entre todos los utensilios de caza y/o armas utilizadas por el gaucho,
ninguno más característico, más diferencial y propio que la boleadora.
Junto con el chiripá, la bota de potro y el poncho, constituyen los cuatro ángulos
más salientes de su personalidad exterior. Consisten
en tres pesas de forma esférica o piriformes, generalmente de piedra (piedras indias,
cantos rodados), pero también de madera dura, hierro, plomo, y muchas veces
de antiguas balas. También se realizaron en guampa moldeada y rellena de
plomo; marfil y hasta mármol. Las tres unidades se equilibran en peso y
volumen, la menor llamada
"manija", es la que se conserva en la mano mientras se revolean
las otras dos, que en realidad su denominación correcta es "voladoras",
de ahí proviene el nombre que por las deformaciones debido al uso y
costumbre de nuestro gaucho adopto para siempre el termino Boleadoras.
Su
manejo que no es nada fácil, se
consideró propio de quienes eran duchos en las faenas. El gaucho las
llevaba a la cintura, a veces en bandolera y otras "de gurupa"
bajo los cojinillos del recado sobre la cabeza delantera. En las cacerías
de avestruces así como en las grandes luchas internas, solían nuestros gauchos llevar dos y hasta
tres juegos de boleadoras a modo de repuesto, ya que se trataba de un arma
sumamente efectiva para derribar la cabalgadura del enemigo, dejando
expuesto al jinete que golpeado y en tierra era un objetivo fácil de
eliminar con la lanza, cuando no era embestido con el mismo caballo.
La
actividad propia de los primitivos gauchos en nuestro territorio fue la
caza y no la cría de los ganados. Esa cacería de vacunos cimarrones a
campo abierto se hacía de a caballo y utilizando un instrumento llamado
"desjarretador", originario de la ganadería extensiva ibérica,
se trataba de una garrocha, es decir un palo o vara de madera de largo
variable nunca menor de 2 a 2.5 metros, que en su extremo tenía una media luna
de hierro con filo, con la que se cortaba el garrón o tendón de Aquiles
de los animales dejándoles imposibilitados de moverse y así poder
degollarlos con cierta facilidad, para luego faenarlos cuerearlos, quitándoles
el sebo y grasa. La lanza, con una chuza o moharra de forma variable fue en el siglo de las guerras patrias
el arma principal de la
caballería gaucha, lo que resulta lógico debido a la habilidad adquirida por
el gauchaje en el uso del desjarretador, su mas cercano pariente. También
eran de largo variable siendo siempre las de los jefes notoriamente
mayores que las de la tropa.
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Trabucos
y Armas de Fuego |
Los
gauchos que hicieron del cuchillo un verdadero protagonista de su quehacer
cultural junto al uso de la lanza y el desjarretador ,
repugnaban y menospreciaban el uso de las armas de fuego, de avantcarga,
poco efectivas para quienes se movían siempre a la velocidad del caballo
manejado con habilidad.
Con todo durante las correrías
del contrabando de la gran frontera primero y luego en la larga sucesión
de contiendas, los gauchos usaron distintas armas de fuego dado que les
eran practicas solamente en los momentos de encontrarse apeados, es decir
a pie, ya que un primer disparo acertado, le aseguraba un mayor
posibilidad de supervivencia, y de allí proviene el famoso dicho "el
que pega primero pega dos veces".
Hasta la mitad del siglo
casi todos los trabucos eran llamados "naranjeros" debido a su caño
de bronce de boca ensanchada y de acción a chispa, sustituido luego este mecanismo
por el de fulminante, mucho mas seguro. Usaron también pistolas de uno o dos
caños del tipo pedernal o de fulminante, y
en el último tercio del siglo XIX las armas de retrocarga, del tipo pistolas "Lefau- cheux" y los revólveres de tambor giratorio
con cinco alvéolos de
la misma marca. Ya en este siglo los Smith- Wesson de grueso calibre.
Es una herencia cultural europea que proviene del antiguo Mediterráneo.
En los circos romanos existían entre los gladiadores unos guerreros
llamados "Iaqueatores" o enlazadores. En todos los países de América
colonizados por España, durante las faenas ganaderas, los trabajos de
corral y de a caballo, se usaron distintas variedades de lazos, cinteos o
reatas, a veces construidos con una fuerte soga de cáñamo y muchas otras
como en nuestro caso, con una tira de cuero crudo retorcido o trenzado. Es
una lazada hecha con esta soga mediante una pesada argolla de hierro o de
bronce que se arroja a la cabeza o cuernos del animal desde el caballo, de
allí proviene el termino enlazar. También se estilaba el tiro del lazo
sobre las manos o patas de los animales, acto que toma el nombre de
mangonear o pialar, y puede realizarse tanto de a pie o montado.
El
cuchillo, en nuestro hombre de campo, es tambien herencia cultural europea llegada
con los primeros conquistadores al Río de la Plata .
Más
que hispánica flamenca, si nos atenemos a las características del arma
y modo de portarla, en las botas, en la cintura, sobre los riñones, con el
mango asomado hacia el flanco derecho. Objeto, prenda, instrumento
útil o bien arma, esto es lo que significo para el gaucho, quizás
o no, como ningún otro de su ajuar, el cuchillo y facón representó mejor al gaucho y fue
su más valioso complemento, fue una parte de su propio ser bajo cualquiera
de las formas, variedades o tipos, daga, facón, verdadero cuchillo,
caronero, verijero, y otros que constituyeron su rica gama de manifestaciones y
formas a través de los tiempos.
Imaginar
a un gaucho sin su cuchillo es más difícil si cabe, que imaginarlo sin
su caballo. Para él, como se ha expresado, lo fue todo; cuchillo y tenedor para
comer, mondadientes, instrumento para matar los vacunos, cuerearlos,
carnearlos y sebear; para tusar el caballo o desvasarlo; le fue útil
para toda su
artesanía, para hechura de tientos, trenzas, lonjeado, repujado, etc; con él
cortaba
los panes de tierra o los haces de paja para construir el rancho y una
larga lista de utilidades imposible de enumerar en detalle, pero queda en
claro que en aquella forma de vida, la estirpe que sobrevivo, lo hizo
gracias a su caballo y a su cuchillo.
La
espuela son por lo menos desde la Edad Media desde los tiempos de la
Caballería, un atributo fundamental del jinete o caballero, mucho más que
simple instrumento para accionar o comandar el caballo. Nuestro gaucho,
sin conocer las tradiciones de la antigua caballería, con su idea tan
particular de altivez y machismo armó, al igual que el gallo, sus talones con
aquellos poderosos espolones de hierro o de plata, que recibieron los
nombres de "chilenas", "nazarenas" y
"lloronas", según distintos detalles de su forma y procedencia
. Estas enormes
espuelas, de gran rodaja y casi todas con poderoso rodete, no son de
origen árabe o de la original escuela española de equitación, sino
heredadas directamente de la caballería alemana que participó de la conquista de
estas regiones en tiempos de Carlos V (Primero de España). Están
formadas las espuelas por las siguientes partes a saber : el cuerpo o arco que
forman las piernas; el pihuelo o pigüelo sujeto al centro del arco por
medio de un redondel metálico llamado rodete, de cuyo borde
superior se sujetan las cadenillas y alzaprimas para sostener las espuelas
unidas al pie y tobillo respectivamente, y en el extremo libre del pigüelo la rodaja o
estrella en forma de rueda dentada con punteras afiladas que sirven para acicatear al caballo.
El
arreador es el principal entre los látigos usados por nuestro hombre de
campo. Atributo de mando, su genealogía lo emparenta con los cetros, los
bastones de mando, las varas de magos y las batutas. Esto distinguió sobre
todo a los caudillos de los gauchos. Consta de dos partes principales, el mango
pomo, cuerpo y contera, y la trenza yapa, trenza
propiamente y azotera.
Los hubo con el mango construido en materiales
nobles como plata, ballena, maderas finas, caña, y con un estoque en su
interior.
El
rebenque fue pilcha o prenda, útil de trabajo y hasta arma, que
enarbolado en su mano derecha o colgando displicentemente de su muñeca
fue y es inseparable de la figura de nuestros hombres de campo, desde los
changadores y gauderios del siglo XVIII. a gauchos y paisanos actuales.
Existen
varios tipos o clases de rebenques que son variantes unas de otras
"cola de tatú", guachas, lagartos, de argolla, taleros; pero el
rebenque consta en general de tres partes que son: el mango, que puede
tener cabeza, pomo o argolla en su extremo superior; la manija allí
sujeta, por medio de la cual se le cuelga de la muñeca y en el extremo
distal, la azotera o lonja para castigar el animal.
Normalmente
el cuerpo va revestido de cuero o esterillados de tientos a veces con
virolas y hasta malla de plata combinados en oro.
Todos
los cronistas viajeros que han recorrido el país, han coincidido en
describir el apero o recado de montar de nuestros gauchos, como una
complicada serie de piezas debido, sobre todo a que servía no sólo de
silla, sino de cama para el jinete, de mesa y hasta de techo, en las
tormentas a campo abierto.
En
efecto, el asiento o silla estaba formado por: una o dos jergas o mantas
tejidas, llamadas también sudaderas o peleros cuando eran de piel de
oveja con su lana corta; una o dos caronas, cuando eran dos la primera o
de abajo era de piel vacuna con su pelo y se llamaba también ijar. La
otra, o cuando se trataba de una sola, era generalmente de suela hermosamente repujada y
en los de más lujo con punteras de piel de jaguar. Encima iba el lomillo
o basto, en realidad no una verdadera silla de montar, sino adaptación de
las albardas de los asnos y mulas, estaban hechas de suela con dos arzones o cabezales
cubiertos de una chapa de metal de plata y dos bastos o chorizos rellenos
de junco. A él se sujetaban por medio de una tira de suela cosida en su
tercio anterior los estribos, por medio de las estriberas que también
eran de suela o
cuero crudo. Estos estribos fueron de las más diversas formas, pero
predominaron los llamados de corona y media-corona, conocidos entre
nuestra gente campera como de "campana " con sus pasadores de
estribera, generalmente todo de pura plata.
Todas
estas piezas se sujetaban al caballo con la ancha cincha encimera y
barriguera, bien apretada. Sobre ella iban los pellones o cojinillos, de piel
de oveja o tejidos en hilo y por último el sobre puesto, de badana o
terciopelo bordado, con su sobre cincha haciendo juego, que sujetaba
estas prendas al caballo de manera muy firme.
Para
evitar que el recado se corriera hacia atrás se usaba un petral o pechera llamado "pretal" por nuestros paisanos,
y más raramente para que no se corra hacia adelante, la baticola. El preparo de
cabeza del caballo del gaucho, en cualquier material que se construyera
simple cuero crudo, primorosas trenzas de tiento con pasadores y argollas
de plata, de canebones o mallas de plata, etc., constó siempre de la
cabezada propiamente, a la que se unía el freno, que podía o no tener
bozalejo o frentera, las riendas, siempre dos y conformadas de tres
partes las yapas, el cuerpo y las azoteras.
El
freno de argolla o no,
pesado y de patas fuertes para accionar con violencia al caballo, y como
accesorios el fiador o cogotera, un verdadero collar, y para el
trabajo
con más frecuencia, el bozal. Al primero se le unía el atador y al
segundo el cabestro o bien "cabresto", para nuestros paisanos,
todo ello a fin de
sujetar al animal y atarlo.
Se
ha lanzado la idea de inmortalizar al gaucho pero nunca nada oficial hacia
el verdadero hombre de campo.
Ante la exigua gratitud humana debiera atraer nuestras simpatías todo lo
que tienda a rehabilitarnos y dicho héroe bien merece un reconocimiento
especial. Posee de sobra ese gestor de América para sobreponerse a los
retaceos partidarios, su obra y sacrificio ha sido enorme, y se yergue muy por
sobre encima de las empalizadas donde se embotan nuestras pasiones bravías.
Debemos observar este factor medular de nuestra cultura por su aspecto más
noble, alto y genuino. Así es que fuera de lo precolombino,
miramos al gaucho como la esencia de nuestras tradiciones criollas, como
la valla autóctona opuesta a la conquista ideológica que subsiguió a la
era de las emancipaciones políticas.
Es
el nativo de nuestra tierra que siente la altivez de su privilegio
regional y por lo tanto, se manifiesta autónomo, ya utilice chiripá,
bombacha o traje, ..ha sostenido con su sangre la libertad de América, en tanto que
estas poblaciones inorgánicas se sentían apabulladas por la ola de
deslumbramientos de las viejas civilizaciones, perdiendo pie en las
realidades, sin acertar en ver lo propio y sometidas al dictamen de
todos...A esa entidad simpática y fuerte que, como represa destinada a
impedir que nos globalicemos a destajo, fundidos en lo heterogéneo
abigarrado, y que como germen fecundo generó la noción individual e
individualizante, debemos el supremo beneficio de ser lo que somos
"libres".
Esta
es la representación superior del gaucho, de ese elemento que vemos
poetizado en nuestras idealizaciones habituales, en ese sentido es más
que un símbolo patrio, es el símbolo de nuestra Argentina, y de toda América
Latina.
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