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Bicentenario Argentino 1810 2010 Cultura y Tradición Musical

 Bandas de Música del Ejercito de los Andes

Las bandas de música del Ejército de los Andes merecieron elogiosos comentarios en Chile y Perú. Damián Hudson en sus Recuerdos Históricos nos trae ala memoria estos conjuntos al referirse al juramento de las banderas en Mendoza: «A la hora conveniente el ejército de gran parada, se puso en marcha dirigiéndose a la plaza al son de cuatro músicas militares que poseían los cuerpos de infantería y de las bandas de cornetas de la caballería... las aclamaciones del pueblo se sumaron a las marciales armonías de las bandas de música, de tambores y clarines...». El mismo autor describe la partida de Mendoza del Ejército de los Andes, el 20 de enero de 1817: «Un inmenso pueblo estaba allí reunido para dar el adiós al ejército. Este salió de su campo de instrucción, llenando el aire los marciales acentos de sus músicas militares, de sus numerosas bandas de tambores y clarines, cuyos ecos repercutían en el pecho de cada uno de aquellos valientes. Al romper la marcha aquél, atronó el ámbito del campamento con vivas a la patria, al Ejército de los Andes, levantando en alto sus sombreros y pañuelos, mientras las ordenadas e imponentes columnas se alejaban y se perdían a lo lejos...».

Las bandas más famosas del ejército de San Martín fueron las del batallón N° 8, que dirigía Matías Sarmiento, y la del batallón N° 11, que había obsequiada a San Martín el señor Rafael Vargas, acaudalado hacendado mendocino. En 1810 el señor Vargas había enviado a Buenos Aires a 16 de sus esclavos negros para que se les enseñara la música de instrumentos de viento, encargando a su apoderado que hiciera traer de Europa instrumentos, música y uniformes. Después de cuatro años regresaron los negros a Mendoza formando una banda completa de muy regular capacidad. Se supone que estos esclavos fueron alumnos de Víctor de la Prada, que en 1810 dirigía una academia de música instrumental en Buenos Aires (véase el Correo de Comercio del 24 de marzo de 1810).  El General Jerónimo Espejo, en su libro El paso de los Andes, expresa: «Cuando en 1816 San Martín realizó la expropiación de los esclavos, el señor Vargas le obsequió la banda completa con su vestuario, instrumental y repertorio de música». El músico chileno José Zapiola en su libro de memorias. Recuerdo de Treinta Años, aporta interesantes detalles sobre las bandas del ejército patriota:

«En 1817 entró en Santiago el ejército que, a las órdenes de San Martín, había triunfado en Chacabuco. Este ejército trajo dos bandas regularmente organizadas, sobresaliendo la del Batallón Nº 8, compuesto en su totalidad de negros africanos y de criollos argentinos, uniformados a la turca. Cuando, días después de la batalla de Chacabuco, se publicó el bando que proclamaba a don Bernardo O'Higgins, Director Supremo de Chile, el pueblo, al oír aquella música, creía estar en la gloria, según decía. Estas bandas eran superiores ala única que tenían los realistas en el batallón Chiloé, que era detestable. Uno de estos conjuntos marchó al Sur con el Batallón N° 11; la otra, la del Batallón Nº 8, quedó en Santiago. Mi afición a la música me hacía asistir a todas las horas en que esta banda funcionaba. Los oficiales me miraban como si perteneciera al batallón. Contraje amistad con el músico mayor, Matías Sarmiento, que tocaba el requinto y enseñaba a la banda, instrumento por instrumento, haciendo oír a cada uno su parte por separado, y siendo él el único que sabía algo de música; pues todos la ignoraban y aprendían de oído lo que él les repetía. Este modo de aprender es muy difícil para el que enseña y para el que aprende; pero la costumbre había facilitado el trabajo; a lo que debe agregarse que las piezas que se ejecutaban eran de poca extensión, consistiendo en marchas, paso dobles y valses. El flautín de la banda me había enseñado a conocer los signos y algo de la escala de la flauta. En cuanto a los valores, los ignoraba completamente, y nada pude aprender en esa parte. Sarmiento, antes de enseñar a los demás, tenía que estudiar el primero y el segundo clarinete; los otros instrumentos acompañaban como podían; y como leía la música con mucho trabajo, yo, que me ponía a su lado cuando estudiaba, y le seguía con la vista en el infinito número de veces que tenía que repetir cada frase, aprovechaba para mí el prolijo estudio que él hacía. En 1820 era tambor mayor del Batallón N° 8, el sargento Moyano, cuya fisonomía estaba marcada por un horroroso chirlo que le atravesaba todo un lado de la cara. Este sargento tuvo parte principal en la entrega de las fortalezas del Callao, en que fue fusilado el heroico negro Falucho».

En el Museo Histórico Nacional de Santiago de Chile se conserva un óleo que representa la Batalla de Chacabuco, obra del pintor losé Tomás Vandorse del año 1863. En este cuadro vemos a la banda del Batallón N° 8, integrada por unos 30 músicos, todos negros y colocados detrás del batallón que está cargando a los realistas en ese momento.

Bandera del Ejercito de los Andes

Diario La Nación por Isabel Aretz  - Agosto de 1961 -

 

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