Las
bandas de música del Ejército de los Andes merecieron elogiosos
comentarios en Chile y Perú. Damián Hudson en sus Recuerdos Históricos
nos trae ala memoria estos conjuntos al referirse al juramento de las
banderas en Mendoza: «A la hora conveniente el ejército de gran parada,
se puso en marcha dirigiéndose a la plaza al son de cuatro músicas
militares que poseían los cuerpos de infantería y de las bandas de
cornetas de la caballería... las aclamaciones del pueblo se sumaron a
las marciales armonías de las bandas de música, de tambores y
clarines...». El mismo autor describe la partida de Mendoza del Ejército
de los Andes, el 20 de enero de 1817: «Un inmenso pueblo estaba allí
reunido para dar el adiós al ejército. Este salió de su campo de
instrucción, llenando el aire los marciales acentos de sus músicas
militares, de sus numerosas bandas de tambores y clarines, cuyos ecos
repercutían en el pecho de cada uno de aquellos valientes. Al romper la
marcha aquél, atronó el ámbito del campamento con vivas a la patria, al
Ejército de los Andes, levantando en alto sus sombreros y pañuelos,
mientras las ordenadas e imponentes columnas se alejaban y se perdían a
lo lejos...».
Las
bandas más famosas del ejército de San Martín fueron las del batallón N°
8, que dirigía Matías Sarmiento, y la del batallón N° 11, que había
obsequiada a San Martín el señor Rafael Vargas, acaudalado hacendado
mendocino. En 1810 el señor Vargas había enviado a Buenos Aires a 16 de
sus esclavos negros para que se les enseñara la música de instrumentos
de viento, encargando a su apoderado que hiciera traer de Europa
instrumentos, música y uniformes. Después de cuatro años regresaron los
negros a Mendoza formando una banda completa de muy regular capacidad.
Se supone que estos esclavos fueron alumnos de Víctor de la Prada, que
en 1810 dirigía una academia de música instrumental en Buenos Aires
(véase el Correo de Comercio del 24 de marzo de 1810). El General
Jerónimo Espejo, en su libro El paso de los Andes, expresa: «Cuando en
1816 San Martín realizó la expropiación de los esclavos, el señor Vargas
le obsequió la banda completa con su vestuario, instrumental y
repertorio de música». El músico chileno José Zapiola en su libro de
memorias. Recuerdo de Treinta Años, aporta interesantes detalles sobre
las bandas del ejército patriota:
«En
1817 entró en Santiago el ejército que, a las órdenes de San Martín,
había triunfado en Chacabuco. Este ejército trajo dos bandas
regularmente organizadas, sobresaliendo la del Batallón Nº 8, compuesto
en su totalidad de negros africanos y de criollos argentinos,
uniformados a la turca. Cuando, días después de la batalla de Chacabuco,
se publicó el bando que proclamaba a don Bernardo O'Higgins, Director
Supremo de Chile, el pueblo, al oír aquella música, creía estar en la
gloria, según decía. Estas bandas eran superiores ala única que tenían
los realistas en el batallón Chiloé, que era detestable. Uno de estos
conjuntos marchó al Sur con el Batallón N° 11; la otra, la del Batallón
Nº 8, quedó en Santiago. Mi afición a la música me hacía asistir a todas
las horas en que esta banda funcionaba. Los oficiales me miraban como si
perteneciera al batallón. Contraje amistad con el músico mayor, Matías
Sarmiento, que tocaba el requinto y enseñaba a la banda, instrumento por
instrumento, haciendo oír a cada uno su parte por separado, y siendo él
el único que sabía algo de música; pues todos la ignoraban y aprendían
de oído lo que él les repetía. Este modo de aprender es muy difícil para
el que enseña y para el que aprende; pero la costumbre había facilitado
el trabajo; a lo que debe agregarse que las piezas que se ejecutaban
eran de poca extensión, consistiendo en marchas, paso dobles y valses.
El flautín de la banda me había enseñado a conocer los signos y algo de
la escala de la flauta. En cuanto a los valores, los ignoraba
completamente, y nada pude aprender en esa parte. Sarmiento, antes de
enseñar a los demás, tenía que estudiar el primero y el segundo
clarinete; los otros instrumentos acompañaban como podían; y como leía
la música con mucho trabajo, yo, que me ponía a su lado cuando
estudiaba, y le seguía con la vista en el infinito número de veces que
tenía que repetir cada frase, aprovechaba para mí el prolijo estudio que
él hacía. En 1820 era tambor mayor del Batallón N° 8, el sargento Moyano,
cuya fisonomía estaba marcada por un horroroso chirlo que le atravesaba
todo un lado de la cara. Este sargento tuvo parte principal en la
entrega de las fortalezas del Callao, en que fue fusilado el heroico
negro Falucho».
En
el Museo Histórico Nacional de Santiago de Chile se conserva un óleo que
representa la Batalla de Chacabuco, obra del pintor losé Tomás Vandorse
del año 1863. En este cuadro vemos a la banda del Batallón N° 8,
integrada por unos 30 músicos, todos negros y colocados detrás del
batallón que está cargando a los realistas en ese momento.
Bandera del Ejercito de los Andes
Diario La Nación por Isabel Aretz - Agosto de 1961 -