Transcripciones Parciales de sus Estudios
Por Isabel Aretz
Una
circunstancia feliz ha querido que llegara a mis manos una serie de manuscritos
musicales que nos permiten conocer por primera vez la música que se ejecutaba en
los salones de Buenos Aires, después de la Independencia Argentina. Como es
sabido, nuestros historiadores pudieron dar noticia sobre el desenvolvimiento
musical de la época, gracias a los sueltos que publicaron los diarios y algunos
programas de conciertos conservados. En cuanto al movimiento mas intimo de los
salones fue revelado por viajeros y escritores de entonces, que observaron las
aficiones de los jóvenes porteños con la música y el baile. Con estos datos, se
pudo reconstruir luego, la trayectoria de las danzas y canciones fuesen europeas
o criollas. Pero faltaba la música correspondiente que a la par despejara
incógnitas musicologícas como la del cielito, y brindara un panorama de las
inquietudes musicales de los antecesores de nuestros primeros compositores
propiamente dichos: Esnaola, Alberdi y Alcorta. Este vacío viene a
llenar los manuscritos a los que hago referencia cuya conservación se debió a la
tradicional familia de don Manuel Rubial, a quien llegaron las músicas dentro de
un clavicordio de caoba.
La
Tinta, es en todos los casos compuesta con sulfato de hierro y totalmente
carente de Campeche. La Caligrafía musical acusa la intervención de distintas
manos, con preponderancia de un escritor de temperamento nervioso, que alguna
vez estampo su firma o seudónimo: Antón Peluca. Con esta
caligrafía, alterna sobre todo otra, de notas redondas y en el álbum mayor se ve
claramente la mano de un principiante, para el cual se han escrito lecciones de
solfeo y teoría, y fáciles piezas musicales para piano, alguna de ellas para
ejecutar a cuatro manos.
Pero he aquí la música, después de las primeras lecciones de teoría encontramos
una serie de piezas para piano, que de acuerdo con los viajeros de 1800,
corresponden a los bailes en boga en los salones aristocráticos de Buenos Aires.
Son estos bailes el vals, el minué y la contradanza. En cuanto al vals, ya en
1806 Alejandro Guillespie, uno de los jefes de las tropas inglesas que se
apoderaron de Buenos Aires, asentó en sus “Observaciones” que durante su
estada advirtió que en las tertulias se bailaban valses ejecutados a piano con
acompañamiento de guitarra. Los otros dos bailes están ya documentados en
nuestro país desde mediados del siglo anterior y se siguieron bailando durante
toda la primera mitad del ochocientos. Así Brackenridge, secretario de
los comisionados norteamericanos que nos visitaron en 1818, asiduo concurrente a
las tertulias de los Escalada, escribió que allí se danzaban minués que
ejecutaban al piano las señoritas. Y el capitán Andrews, que paso por
Buenos Aires en 1825 anoto minués y también la contradanza.
Pero sigamos volviendo páginas, muy pronto encontramos algo interesante un Minué
Montonero seguido con su correspondiente cielito. De acuerdo otra vez con
Calzadilla, la sociedad porteña bailaba dos tipos de minués, el minué liso, que
servia para romper el baile y en el tomaban parte las señoras y caballeros de
mayor categoría, acompañado por los dueños de casa, y el minué montonero, que se
diferenciaba precisamente por ese tiempo movido del final, llamado Cielito. En
otro artículo volveré sobre este Minué Montonero y también sobre otros dos
Cielitos que aparecen mas adelante como composiciones independientes.
Los
tristes del álbum que comentamos, lo mismo que los cielitos y el minué
montonero, son las muestras más antiguas que llegan a nuestros días de
estas especies que se ejecutaban en nuestros salones después de la
Independencia. Las otras piezas que corresponden a la misma época del álbum y
que evidentemente pertenecieron al mismo dueño, comprenden algunas composiciones
de interés más bien histórico, que musical. El cuadernillo compuesto de catorce
paginas y que muestra en varias de ellas una marca de agua con la fecha de 1818,
contiene varias obras sin nombre, una contradanza, algunos valses y minués.
Mas
interesante es el otro álbum de veintiséis paginas, correspondiente con
seguridad a la tercera década del ochocientos. Entre las distintas piezas, cabe
destacar una especie de marcha con retornelo, denominada La Pola.. Evidentemente
se trata de la música con que se canto la muerte de Policarpa Salvarrieta, una
patriota granadina fusilada en 1817. De esta pieza me ocupare en artículo
especial. Sigue a la Pola una marcha fúnebre, de diferente caligrafía musical, a
la cual otra mano agrego “de Costas”. Viene luego una composición intitulada “Mi
Destino”, y un Vals del 25 de Mayo, que muestra como la fecha patria inspiro a
los jóvenes argentinos.
Las
paginas y cuadernillos restantes acusan igual antigüedad y tienen –excepto una-
también escaso interés musical, aunque ayudan a ilustrar el panorama de la
música de la época. Así aparece copiada en varias paginas la Overtura de “La
Italiana en Argel” obra de Rossini que se dio en Buenos Aires en
el Coliseo el 9 de Julio de 1826, cuya música también figura
fragmentariamente en conciertos de años anteriores. Así en 1822, en ocasión de
la solemne apertura de la Academia de Música i Canto, que fundara
Antonio Picazarri, se asienta en el programa la “Cavatina” de La Italiana en
Argel.
La
página más interesante para el análisis, es una hoja suelta, cuya música
presenta los nombres de sus autores. Se trata del minué intentado por don
Demetrio Machado y Antón Peluca titulado “A Doña
Gregoria”
En
lo que respecta a Antón Peluca, cabe decir por fin que este nombre
coincide con el titulo de un periódico cuyo primer número apareció en Buenos
Aires en 1824, editado en la imprenta de los Espositos. Supongo que el autor de
las músicas debió ser el autor del periódico, pero desgraciadamente no se sabe
con exactitud quien escribió el Antón Peluca. Lo cierto es que, según Antonio
Zinny, el número primero y único impreso apareció el 27 de Enero de 1824
y fue acusado por agente fiscal del crimen. Por esta razón el segundo
numero circulo manuscrito, y no se si existirá algún ejemplar que pueda aclarar
la incógnita sobre su autor. En todo caso, hojeando el Avisador Universal, del
mismo año de 1824, encontré el Sábado 24 de enero un aviso, cuya leyenda se lee
luego en el numero impreso conservado, y que dice: “El
martes próximo sale el primer numero de Antón Peluca, padre legitimo y natural
de la señora Doña Maria Retazos, ausente en Santa Fe, cuya correspondencia
epistolar se da a luz, y se defienden las libertades del pueblo. Se hallara en
la vereda ancha tienda de Ochagavia”
La Música del Cielito
Por Isabel Aretz
Hoy
el feliz hallazgo de un par de Cielitos entre manuscritos musicales que conservo
la familia de Rubial desde la época de la Independencia, permite por
primera vez en la historia de nuestra musicología abrir juicio sobre la música
del baile del Cielito que se practicaba en los salones del Plata hace poco menos
de un siglo y medio. El tema del primero de estos Cielitos corresponde a
la armonía rítmica que acompaña a las Contradanzas de la época, que se leen en
el mismo álbum musical y curiosamente coincide con la entrada del Pericón que
sobre recuerdos escribiera Antonio Modesta (Pericón por Maria) así como con el
de Andrés Beltrame y otros. Este dibujo rítmico se conserva también en la
tradición oral del Litoral argentino y sobre todo en el Uruguay. El Cielito que
comentamos, escrito en compás de 3 x 8, se compone de cuarenta y siete compases
(creo que falta una repetición) con da capo breve. Su pobreza hace pensar que se
trata solo del acompañamiento pianístico de una melodía que seria cantada o
ejecutada en otro instrumento. Pero a pesar de ello, da idea de lo que eran los
antiguos Cielitos criollos que se ejecutaban n nuestros salones, y sobre todo
confirma la estrecha relación que existió antiguamente entre el Cielito y el
Pericón.
El
segundo que reproducimos, es mucho más completo e interesante desde el punto de
vista musical. Igualmente escrito en compás de 3 x 8, consta de siete periodos
de ocho compases, el primero presenta el tema y los restantes son variaciones.
Los periodos se inician siempre en la tónica de Sol Mayor, pasan a la dominante
en el curto compás y resuelven en la tónica en el último. El segundo periodo
acusa la falta de un compás, después del compás tercero el cual debió ser igual
al cuarto compás del periodo siguiente. La melodía como puede verse, lleva
abundantes grupitos en su primera parte y procede por terceras paralelas en la
segunda. Emplea además escalas y pasajes en octavas, todo esto sobre un
acompañamiento casi uniforme. Demás esta decir que ambos cielitos se
corresponden a la familia de la Contradanza y su música guarda estrecha relación
con la música de las Contradanzas contenidas en los manuscritos mencionados.
Estamos
pues frente a los Cielitos que se bailaron en nuestros salones, en épocas en
que la música criolla era mas una cuestión de rotulo que de fondo, sobre todo
tratándose de los compositores que habitualmente cultivaban la música europea. Y
esto mismo se observa al analizar la música correspondiente al Minué Montonero,
compuesto de un tiempo lento y un Cielito, estampado en el mismo álbum
manuscrito, el cual nos falta aun analizar.
Composiciones
Dedicas a las Músicas Bicentenarias
Por Isabel Aretz
En
Buenos Aires, se hizo escuchar otra composición dedicada a la misma fecha magna
que público la imprenta Litográfica el 26 de mayo de 1830 con motivo de la
fiesta patria, habiendo sido cantada el día anterior por el conocido músico Luis
Pablo Rosquellas en una reunión de patriotas. La nueva canción patriótica, como
se anuncio en la Gaceta Mercantil se intitulaba “El Sol de Mayo”, y llevaba
acompañamiento de pianoforte. Pero ni esta ni la anterior canción, llegaron
hasta nosotros con su música, que yo sepa al menos. Muchas otras composiciones
de la época, debieron perderse junto con ellas, por eso es diríamos casi
providencial, que ya en nuestros días aparezcan dos piezas musicales dedicadas
al día memorable, conservadas entre numerosas composiciones manuscritas que nos
llegan desde la época de la Independencia.
Las
dos composiciones que motivan estas líneas son, tal como puede verse un
“Valz del 25 de Mayo” y un Minuette Dedicado a Doña Gregoria intitulado
también con precaria ortografía y sobra de descuido “El Viente y Cinco de
Mallo”. La primera de estas composiciones esta incluida en un
álbum de veintiséis paginas propiedad de la familia Rubial Salaberry , el cual
contiene además una especie de Himno denominado La Pola –que ya fue objeto de un
articulo nuestro- una marcha fúnebre, valses, una gavota y diversos minués así
como una composición titulada “Mi Destino y varias otras piezas sin nombre. El
vals que ofrecemos como puede verse esta medido en 3 x 8, y responde a un estilo
de composición bastante simple. Consta de tres periodos de ocho compases cada
uno – el segundo prácticamente repetición del primero-, sin modulaciones y con
sencillas armonías de tónica y dominante.
El
minué que publicamos, también corresponde a una composición escrita en una hoja
suelta, o al menos llego así hasta nosotros, la cual –tal como comentábamos al
reseñar la totalidad de los manuscritos hallados- fue dedicada a Doña Gregoria,
probablemente a doña Gregoria Madera de Genela, directora de la primer escuela
lancasteriana establecida en 1823 (Aunque demasiado bien sabemos que existieron
numerosas damas de ese nombre en la época en que pudieron haber sido escritas
las músicas que estudiamos) Entre las composiciones manuscritas mencionadas
figuran otras dos mas dedicadas a la misma señora, una es un minué intentado por
don Demetrio Machado y Antón Peluca y otra una Polaca para Doña Gregorita,
inserta en un viejo álbum de rico contenido.
Tenemos solo a la vista composiciones publicadas en 1837 en la Abeja del Plata
periódico de Montevideo, las cuales demuestran ser posteriores. Entre ellas
llama la atención por cierto otro minuet titulado el 25 de Mayo de 1837 y
compuesto en Montevideo por el profesor Don Roque Rivero. Este músico, hombre de
color tiene una historia curiosa en cuanto fue al mismo tiempo profesor de
música y cochero, siendo dueño de la única cocería que existía en Buenos Aires
entre los años 1828 y 1831.
El Minué
Montonero
Por Isabel Aretz
Como su nombre lo indica, tiene algo esta danza del minué cortesano que se bailo
en el Plata al menos desde el Siglo XVIII. Así en 1747, en ocasión de las
fiestas con que celebro Buenos Aires la coronación de Fernando VI, según consta
en un manuscrito existente en la Biblioteca Nacional, acudió toda la nobleza del
pueblo, y se bailaron contradanzas, minuettes y áreas. Después de 1800 quedan
documentadas varias clases de minués. Carlos Vega en un estudio sobre las danzas
criollas de la época, anota seis variantes, el español, el abolerado, el minué o
provinciano, el colombiano, el minué de la Corte y el Montonero o Federal.
Santiago Calzadilla, que recordó costumbres desde 1810, especifica un nombre
mas, el del minué liso, que servia para romper el baile y en el que tomaban
parte las señoras y caballeros de mayor categoría acompañando a los dueños de
casa. Supongo que este minué liso es el minué común, pero en todo caso conviene
señalar la designación. Calzadilla menciona también en su divertido librito “el
montonero llamado el año 40 Minué Federal”
De
los viajeros que nos visitaron en la primera mitad del siglo pasado, D’Orbigny,
Andrews e Isabelle, acertaron al mencionar el minué montonero. Andrews que paso
por Trancas, Tucumán, en agosto de 1825; llego inclusive a bailarlo, haciendo
discreta figura, como el mismo anota, y esto gracias a que ya estaba bastante al
corriente de las maneras y bailes del país. D’Obrigny vio el minué montonero en
dos pueblecitos de Corrientes, en Iratí y en Caacaty en 1827 y escribió a
propósito que esta danza estaba muy de moda en el país. …. Isabelle, que visita
dos años después Buenos Aires y publica su crónica de viajes en 1835, menciona
el Cielito y la Montonera que viera bailar en una tertulia.
Para el esta danza es enteramente arrebatadora…..seguramente por esta razón el
minué montonero alcanza las tablas y desde 1832 –de acuerdo con Mariano Bosch-
la compañía coreográfica que dirige el celebre Catón incluye en sus pantomimas
“los minuetos del montonero” junto con Cielitos, Cachucas y otros bailes. En el
Uruguay, donde el montonero alcanzo gran difusión, según Lauro Ayesteran, joven
y meritorio historiador de la música del país vecino, esta danza ya se halla en
la Casa de Comedias el 11 de Agosto de 1829.Después en 1836 pasa a llamarse
minué federal y luego simplemente Federal y también Unitario.
El
nombre de Federal fue igualmente señalado en Buenos Aires por Calzadilla en los
salones hacia 1840 tal como dijimos. En todo caso, el teatro anticipo el apodo
no solo en Montevideo sino también en Buenos Aires, donde los esposos Catón
bailan el 12 de agosto de 1836, las Boleras del Federal, según se lee en una
Gaceta Mercantil de la época, y poco mas de un mes después, baila el minué
federal la cómica rosista Ana Campomanes en su beneficio, evento al que asiste
Rosas con su familia. El Minué Federal continúa ejecutándose en los salones
adictos a Rosas y merece la atención de uno de los músicos máximos de entonces
Juan Pedro Esnaola, quien escribe en 1845 un minué federal o montonero.
Antes, muchos autores anónimos escribieron piezas similares, al menos en
Montevideo así ocurrió, según lo revelan recientes hallazgos de Lauro Ayesteran
quien posee nueve ejemplares distintos encontrados entre mil quinientas
partituras de la antigua Casa de Comedias y de la Cantoria de la Iglesia de San
Francisco, las que abarcan los años comprendidos entre 1802 y 1860.
En
Buenos Aires, donde al parecer no se conservaron partituras de esa época, llama
la atención el hallazgo de un minué montonero suficientemente antiguo, entre
estos manuscritos musicales conservados. Este minué montonero
, es desde el punto de vista musical, mucho mas primitivo que el debido al
talento de Esnaola, y pudo haber sido escrito por lo menos dos décadas
antes. Su estilo esta de acuerdo con el de otras composiciones para
bailes contenidas en los mismos manuscritos. Como puede verse, esta pieza se
compone de dos movimientos constituidos por dos periodos de ocho compases que se
repiten. El primer periodo es típico del minué corriente, y como aquel, aparece
escrito en 3 x 4, siendo además anacrusico.
El Himno a la Pola
Por Isabel Aretz
Cuando hace
años extraje un párrafo del Diario La Razón de Tucumán, supuse que la canción La
Pola, podía ser la conocida canción granadina. Ahora lo creo con mayor seguridad
pues he podido comprobar como se popularizo en los salones de la época.
En cuanto a
la canción que obtuve en aquella época en la campaña tucumana, era por su letra
la misma que difundiera la imprenta, solo que el grito inicial de Granadinos..!,
había sido reemplazado por el de “Argentinos..! La versión musical que incluí en
mi libro la obtuve en Santa Rosa, Montevideo de boca de la señora Maria
Concepción de Riarte, quien la había aprendido cuando era niña en Catamarca, de
oírsela cantar a una esclava negra oriunda de la misma provincia.
Lo mas
interesante es que junto con la canción, se conservara el nombre verdadero de la
heroína Policarpo Salvarrieta, así como algunos detalle de su muerte. En mi
“Cancionero”, ofrecí la melodía tal como me fue cantada, observando que su
carácter concordaba con el de los versos. Dije además textualmente,
“Supongo que alguna vez habrá sido publicada y seria interesante poder
comprarla”.
La
casualidad ha querido ahora poner en mis manos, entre otras composiciones
manuscritas de las primeras décadas del ochocientos, una pieza musical
intitulada “La Pola”. Esta pieza aunque no posee fecha, es con seguridad
anterior al año 1840 y puede pertenecer inclusive a los años próximos a 1825. En
todo caso el papel grueso de hilo, sus rayas de agua y demás particularidades de
la escritura por una parte, así como el análisis de las restantes composiciones
musicales que acompañan a “La Pola” por otra, permiten ubicar estas músicas
dentro de las primeras décadas de la Independencia. Pero por sobre todo, lo que
nos interesa comprobar ahora, es que la composición para piano del manuscrito
antiguo, corresponde efectivamente al Himno de La Pola neogranadina.
Para esto,
conviene comprobar en primer termino, como la melodía puede ser cantada con los
versos que circularon por nuestro país, luego del fusilamiento de la patriota. Y
luego puede cotejarse la misma melodía con la que obtuve por vía oral en 1941 y
que reproducimos. Para ello es necesario pasar por alto diferencias mas
aparentes que reales, como la perdida de la formula puntillada en la melodía
tradicional, y el aditamento de notas armónicas en la escritura para piano.
Si se
comparan ambas con cuidado, puede llegarse a percibir su viejo origen común. Las
diferencias se justifican si se recuerda que entre una y otra versión han
transcurrido mas de 100 años, y se han sucedido muchos interpretes de la canción
oral, pudiendo inconscientemente deformar la melodía que habían aprendido de
oído.
En síntesis,
nos ha tocado ahora dar a publicidad la composición que creara algún patriota
colombiano, la cual se difundió entre nosotros sujeta a escritura primero, entre
los músicos que poseían los conocimientos necesarios de la teoría musical, y
cuya melodía trascendió al pueblo, el cual la perturbo transmitiéndola por vía
oral.
El Minué del Viente y
Cinco de Mallo
Doña Gregoria Madera de Genela
Por Isabel Aretz
Doña Gregoria Madera de Genela,
resulto ser probablemente Directora de la
primer Escuela Lancasteriana establecida en nuestro país en el año 1823. Esta
escuela abría sus puertas de manera totalmente gratuita, a nativos de nuestra
tierra sin recursos económicos, instruyéndolos inicialmente en lectura y
escritura.
No obstante se reconoce históricamente, que
han habido otras damas con ese nombre durante la época en que pudieron ser
escritas las músicas estudiadas por Isabel Aretz, pero ninguna de ellas, ha
dejado muestras de actitudes o actividades personales o cívicas, que pudieran
interpretarse en referencia al merecimiento de las dedicatorias musicales.
Sitio de Apoyo al Bicentenario desde España